El CORAJE DEL LEÓN DEL MAGO DE OZ

El valor está dentro de ti

Con frecuencia quienes me conocen me dicen que un rasgo que me caracteriza es la valentía, aunque cuántas veces me visita la cobardía, silenciosa y tenaz. ¿Te suena?

En realidad, todos somos un poco cobardes como le pasaba al león del mago de Oz que sobrevivía de comer ratones por el miedo que le paralizaba. Su lenguaje tampoco ayudaba: “Soy un león de risa”, decía. Quienes no le conocían veían en él lo exterior: el símbolo de coraje y fuerza mientras él se sentía cobarde y buscaba la magia que le devolviera el valor.

No comprendía  que el valor no te lo puede proporcionar nadie sino que se encuentra dentro de ti, como demostró él mismo en situaciones que se presentaron a lo largo del relato.

Cuando yo siento temor, recuerdo al león de L. Frank Baumy diciendo: “el valor está dentro de mí”. Y si necesito refuerzo coloco post-it en lugares visibles para recordarlo.

He conocido a mujeres y hombres valientes que admiro y de quienes hablaré en otros post, que sabían que su valor estaba en su interior. Cada uno ha influido en mí y me gusta pensar que llevo dentro sus lecciones de coraje que agrupo en 7 ideas clave y voy a compartir contigo:

Un valiente nace y “se hace”.
Lleva dentro algo difícil de explicar que pide salir y expresarse. Sabe que está al servicio de su autenticidad, que necesita mostrarse como es para dejar su huella. El valiente es genuino y va detrás de causas que ama.

Los valientes pasan miedo, como todos.
El valiente siente miedo sin esconderse y busca resolver la situación que le atemoriza y le dificulta llegar a su sueño. Se estira, se mueve y aprende para crecer. Así, empieza a mirar al miedo a la cara.

El valiente no necesita que a los demás les parezca correcto lo que considera y hace.
Acepta que las personas enjuiciamos las vidas ajenas y sabe que su punto de vista a veces no coincide con el de los demás. Da valor a sus valores, a su opinión, a su intuición, a sus emociones y a sus sueños aunque sea incomprendido.

Un valiente puede pensar “no puedo” y un segundo después decidir que es posible.
Desea conseguir lo que sueña  y está dispuesto a averiguar qué puede dar de sí para lograrlo. Pone un pie delante del otro continuamente y así los paisajes, a su lado, van quedando atrás. Mientras avanza, está dispuesto a descubrir y aprender sin descartar cambiar de ruta si fuera necesario.

Un valiente asume los riesgos de su actuación.
No es ingenuo ni un KamiKaze. Lleva una brújula que apunta al éxito. Se la juega. Conoce lo que puede perder en un mundo incierto, sabe lo que quiere ganar y está dispuesto a pagar un precio personal. Su criterio sobre ganar y perder es particular cuando decide sobre su vida.

El valiente se manifiesta como es, con palabras y actuaciones, cuando lo ve necesario.  Su intención no es molestar pero sabe que no puede agradar a todos porque cada persona tiene su historia. Se apoya en ambos pies, eleva levemente su barbilla y dice “soy yo”. Afirma cuando quiere decir sí y otras veces dice no. Va a dónde considera y elige cómo, cuándo y con quién.

El valiente del que hablo vive su vida con responsabilidad.
A veces le vienen bien dadas y otras las cosas van cuesta arriba. Juega sus cartas de la mejor manera apoyándose en quienes pueden ayudarle. No pierde el tiempo en buscar culpables ni en cosas que no le aportan y actúa según el plan trazado con decisión para salir adelante.

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